Vinos en el avión, ¿saben diferente?

Vinos en el avión, ¿saben diferente?

Tomar un buen vino mientras se viaja en un avión ayuda a aligerar el largo trayecto por cubrir. No obstante, la manera de percibir el sabor de la bebida puede cambiar a 10,000 metros sobre el nivel del mar, y esto no depende de la naturaleza del caldo, sino de las condiciones del ambiente en el que se consume. Elegir cuál es el ideal requiere de un trabajo minucioso.

Los niveles de humedad dentro de un avión son diferentes a los que se experimentan en tierra. En cabina, el aire es más seco y por lo tanto las papilas gustativas suelen ser menos sensibles a la frutalidad de un vino, a la vez que los elementos astringentes se acentúan. Un estudio de 2015 de la Universidad de Cornell, en Estados Unidos, apunta que el ruido de la aeronave incluso llega a afectar el paladar, en especial para los sabores dulces, mientras que los que se asocian al quinto sabor llamado umami (que en japonés significa “delicioso”) prevalecen más.

Singapore Airlines es una de las aerolíneas que han puesto su interés en armar una carta de vinos bien curada para sus pasajeros. La compañía invita cada año a reconocidos expertos, denominados air sommeliers, a probar sus vinos bajo una cabina presurizada, tal como sucede en una aeronave. Este procedimiento funciona igual para encontrar el perfecto maridaje con la comida que se sirve en los vuelos.

Conforme sube la altitud la acidez de los caldos se aligera, y los que son bastante fuertes se sentirán mejor en el aire (lo ideal es que no sean ni tan dulces ni tan ácidos). La temperatura es otro factor que puede afectar la forma de degustar un vino en un vuelo. Por ejemplo, un tinto debe mantenerse a temperatura ambiente.

Algunos de los vinos recomendados para tomar en las alturas son los clasificados como New World o Nuevo Mundo, producidos fuera de las regiones tradicionales de Europa y Oriente Próximo, en gran parte por las notas frutales dominantes que les caracterizan.